15 de Marzo de 2006 | Redacción | ENTREVISTAS
Romes Gainetdinov

Rapidez, meticulosidad y precisión

Premisas clave de los mecánicos del Andalucía-Paul Versan

La bicicleta la inventó, allá por el siglo XV, el genial Leonardo Da Vinci, y desde entonces, aunque parezca extraño, su diseño ha sufrido pocas modificaciones. Lo que sí lo ha hecho han sido los materiales de los que está fabricada. El máximo exponente de este cambio son las bicicletas utilizadas por los ciclistas profesionales. Auténticas obras de arte diseñadas para sacar el máximo partido a cada pedalada de los corredores. Y como todas las obras de arte, necesitan unos cuidados especiales, y los encargados de mimarlas son los mecánicos.

 

Antes de que empiece de la temporada comienza su trabajo. Hay que montarlas poco a poco con la precisión de un reloj suizo, personalizadas, una para cada corredor, cada una con sus medidas, tamaño del cuadro, bielas, potencia, anchura de manillar… Para el inicio de la competición todas las piezas están perfectamente ajustadas.

 

Pero su trabajo no es montar las bicicletas y ya… cada día de carrera realizan una meticulosa revisión de las mismas. Revisión y centrado de las ruedas, revisión de los desarrollos y su ajuste, dependiendo de las características de la etapa del día siguiente. Si se trata de una jornada de montaña el desarrollo se modifica por otro más suave. Si la etapa es una contrarreloj, hay que preparar las conocidas como ‘cabras’… Con ellas el proceso es el mismo. Lo primero, volver a tomar las medidas, que se sean las exactas, el engrasado, el equilibrado, la regulación del cambio y mirar el estado de los neumáticos, si tienen algún pellizco o corte…, y por su puesto el lavado, en el que no se olvidan de ningún pequeño rincón, y la colocación de los dorsales. A última hora de la tarde las bicicletas están perfectas para la disputa de la siguiente etapa.

 

Tras las bicicletas les toca el turno a los coches. Cada día se limpian a conciencia, tanto por dentro como por fuera, y se ajustan las emisoras, se revisan que todos los cables estén conectados cada uno en su lugar y la antena situada en el sitio adecuado.

Sincronizando el cambio

Aunque el verdadero espectáculo del trabajo de los mecánicos llega cuando le hacen la competencia a sus colegas de la Fórmula Uno, a los que no tienen nada que envidiarle. Están en carrera.

 

Va en el coche con el director del equipo, con su juego de ruedas calibrado con el cuadro de las bicicletas y su maletín repleto de todo lo necesario para montar y desmontar una bicicleta en un segundo.

 

Son innumerables las ocasiones en las que los hemos podido ver por televisión arreglándole cualquier avería sin que ni el coche ni el corredor se paren. Sorprendente que en movimiento puedan reparar una avería con tanta meticulosidad y precisión…

 

Pero más sorprende aún es verlos solucionar un problema mecánico de envergadura en un tiempo record. Si, por ejemplo, a algún corredor se le engancha algo en el juego de piñones que llevan que puede provocarle que el cambio no funcione, el proceso para solucionar este problema es el siguiente. Primero se le cambia al corredor la bicicleta por la de repuesto, pero sólo por unos kilómetros, en esta ocasión sí hay que bajarse del coche para arreglar la avería. Se quita la rueda trasera, se desmonta el carrete donde van los piñones, se saca el objeto que ha ocasionado la avería, y a montarlo todo de nuevo. ¿Cuánto tiempo ha pasado?... Menos de cinco minutos, y el corredor ya tiene su bici como nueva.


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